
Pokémon vuelve con mucha fuerza con Espada y Escudo y es que esta octava generación ha conseguido volvernos a enganchar como lo hizo en su día Pokemon Rojo y Amarillo en Game Boy.
En Pokémon Espada y Escudo encontramos mucha frescura, diseños de Pokémon muy bien planteados y muy bonitos estéticamente. A los gimnasios le han dado un lavado de cara y ahora encontramos unos estadios en los cuales para poder acceder tendremos que superar previamente unas pruebas bastante divertidas y variadas. Los líderes de gimnasio cobran más protagonismo, son más accesibles y carismáticos. Aunque hay algo que no nos ha terminado de gustar en la batalla final del gimnasio y es que el fenómeno Dinamax siempre es usado con el último Pokémon del líder del gimnasio, por lo tanto, dicha dinámica pierde un poco el sentido ya que se vuelve completamente predecible.

La historia es floja, el final es bastante mejorable. Hay personajes que deberían tener más importancia de la que finalmente se les ha dado y otros tantos que aparecen de la nada y resultan ser fundamentales en el desenlace del juego. Por ello, da la sensación de que el juego lo han terminado deprisa y corriendo.
Una de las mejores cosas del juego es el área silvestre. Es un acierto crear una zona en la que se reúnen la mayoría de Pokémon que hay en el título y que dependiendo del tiempo que haga aparezcan unos u otros. No obstante, esperábamos algo más de este lugar, aún siendo muy interesante, resulta bastante plano y más contando con una Pokédex tan reducida.
Aunque lo mejor del juego son las incursiones y las formas Gigamax, donde nos podremos aliar con hasta tres amigos para luchar con Pokémon de todo tipo y conseguir caramelos y distintos objetos y hasta capturarlo.
